Se cumplen 10 años de la muerte de quien fuera conocido en el mundo entero como el emperador del cine, una de las mentes más brillantes de la cinematografía mundial. Tuvo muchas dificultades para financiar sus proyectos. Sin embargo, su genialidad se impuso y filmó más de 30 películas, joyas del arte fílmico.
¿De dónde vino Akira? Kurosawa nació en Orimo (Japón) el 23 de marzo de 1910. Fue el octavo hijo de Shima e Isamu Kurosawa y si revisamos su árbol genealógico, descubriremos que descendía directamente de samuráis.
Su padre, Isamu Kurosawa, fue militar en la Academia Imperial de Troyama y se desempeñó como profesor de deportes y artes marciales. Siempre lo atrajo la cultura occidental, al grado de organizar programas deportivos con influencia occidental y programar ciclos de cine, aun cuando el gobierno japonés lo consideraba pernicioso.
Su madre pertenecía a una familia de comerciantes de Osaka. Akira la describe como “una madre abnegada y obediente, dispuesta a sacrificarse por el bien de los suyos”.
Heigo, su hermano, fue sin duda fundamental en su vida. Durante mucho tiempo fungió como un sensei para Akira. Era narrador de cine mudo, por lo que Akira conoció la obra directores como Chaplin, Keaton, John Ford, Fritz Lang, Eisenstein, entre otros.
También fue Heigo quien lo apoyó cuando quiso independizarse. Akira se fue a vivir con él a un barrio lleno de bares y artistas, donde se realizaban grandes tertulias y se bebía sake (de ahí su afición a esta bebida).
Cuando el cine sonoro llegó, Heigo se quedó sin trabajo, cayendo en una gran depresión que lo llevó al suicidio.
Cine, fusión y salida
Akira era buen luchador de kendo, pero malo para realizar otros deportes; además, poseía un espíritu retraído y sensible que volcó en las artes. Cuando cursaba los estudios primarios en la escuela Kuroda, su profesor de arte, Seiji Tachikawa, lo animó para que desarrollara su habilidad para la pintura. Fue en la escuela secundaria donde su interés por la pintura y la cerámica japonesa se acrecentó y decidió inscribirse en la escuela de Bellas Artes, la academia Dushuka, donde tomó cursos de pintura clásica y contemporánea. Adquirió con el tiempo un estilo que fue reconocido en el ambiente artístico. Mientras depuraba su técnica pictórica, escribía para uno de los periódicos más radicales de la época, era partidario de la lucha sindical y formaba parte de la liga proletaria de artistas. Sin embargo, nunca se declaró comunista.
Desde el inicio de su carrera como asistente en los estudios Nikkatsu, su talento sorprendió a sus compañeros. Kajiro Yamamoto, uno de los directores a quien consideraría su maestro, diría “el talento innato de Kurosawa nos ponía a todos en evidencia, la única cosa que le enseñé de verdad es a beber correctamente”.
Como la mayoría de los artistas, tuvo que hacer concesiones para su mecenas. En su ópera prima, La leyenda del gran judo (1943), la oficina de propaganda le pidió incluir elementos nacionalistas, algo con lo que no estuvo de acuerdo, pero debió ceder pues no tenía otra opción. Siempre buscó regresar a la esencia del cine, la imagen en movimiento, por lo que para cada una de sus películas se hacía la pregunta: ¿cómo sería si fuera muda y qué tipo de expresión necesitaría?
Fuente: www.playboy.com.mx